Blanca Cecilia Maya Álvarez

Me enamoré de las plantas medicinales

En las montañas del Occidente de Medellín, cerca del Cerro del Padre Amaya encontramos el corregimiento San Cristóbal, conocido por muchos como un territorio de tradición arriera y campesina, con hermosos cultivos de hortalizas y flores. Pero quizá pocos saben que este es un territorio donde el patrimonio inmaterial alimenta y cura tanto el cuerpo como el espíritu. Al hablar de patrimonio inmaterial nos referimos a las tradiciones, las prácticas económicas y culturales que dan identidad y sitúan en la historia a una comunidad. Por ello es importante hacer visible y valorar el patrimonio en nuestro corregimiento, en especial aquel que relaciona las historias de vida y la comunidad.

Esta historia intenta aportar al enriquecimiento de nuestro tejido social y sucede en una vereda de nuestro territorio aromatizada por la menta y la albahaca, en cuyos caminos crece la verbena y el diente de león. Cuesta arriba, detrás de El Tejar, llegamos a la vereda Las Playas parte alta, o también conocida como el sector El Filo. En un paisaje deslumbrante, se puede apreciar la autopista que conduce al Túnel de Occidente y una panorámica de la ciudad de Medellín. En esta vereda, la tradición de plantas aromáticas y medicinales ha sido importante por generaciones, tejerse allí una comunidad que usa y cultiva plantas para el beneficio personal y comunitario. Y aunque los cultivos han variado con el paso del tiempo, dándole prioridad a las flores y legumbres, las plantas medicinales se cultivan en cada hogar.

Panorámica desde la casa de Blanca Maya, sector El Filo. Fotografía: Andrés Urán.1/07/2021

Las plantas medicinales, una economía familiar

En el filo de la montaña encontramos a Blanca Cecilia Maya Álvarez, una campesina de la vereda Las Playas que ha sido criada en una familia tradicional campesina, ella junto con su esposo y sus hijos se ha dedicado al cultivo de hortalizas desde que tiene memoria. Más o menos desde el 2003 empezaron a cultivar exclusivamente plantas aromáticas con la siembra de pocas cantidades y variedades. El cultivo comenzó con la búsqueda y el intercambio de semillas entre vecinos, que en esta vereda como en muchas otras de San Cristóbal constituye una tradición.

Mi esposo se fue un día para la Minorista a entregar cebolla y allá le hablaron de la importancia de las plantas aromáticas, una temática poco explorada en ese momento a nivel de ciudad”, nos cuenta doña Blanca Maya. Ella se declara feliz cuando se encuentra en un cultivo colmado con los aromas y las texturas suaves de las plantas medicinales y aromáticas. Y así como ella, sus hijos disfrutan también del cultivo, pues en su familia todos reconocen el cultivo como una práctica vital que da sentido al día a día.

Preguntándole a doña Blanca, cuáles son las plantas medicinales con las que está más familiarizada, ella nos nombra algunas: la albahaca (necesaria para conciliar el sueño) y el apio, la yerbabuena, el cidrón, el limoncillo, la cicuta, la borraja, el laurel, la alcachofa, el poleo, el eucalipto y siete tipos de menta.

Doña Blanca destaca la importancia de las plantas aromáticas y medicinales y su variedad en el cultivo para mantener la salud en el hogar, además de permitirle fortalecer la economía familiar, ya que tener pocas de un solo tipo no genera buenos ingresos. Sin embargo, Blanca Maya reconoce que el problema es que no se valora el trabajo campesino, los compradores no son conscientes de que al cultivo hay que dedicarle tiempo, inversión de abonos, requiere del mismo cuidado y dedicación que las plantas agrícolas como el cilantro y la cebolla, etc. A veces les toca devolverse con los manojos o bultos de hierbas porque no se venden y no alcanzan a pagar ni siquiera el transporte, situación que pasa a menudo no solo en esta vereda, sino también en las otras del Corregimiento.


La borraja, otra planta que encontramos en su huerta.
Fotografía: Andrés Urán.

Ella piensa que el mayor beneficio de las plantas medicinales ha sido el bienestar y la salud personal, pues los remedios caseros son parte de su historia familiar y han sido transmitidos desde sus abuelos. Ella recuerda que cuando era niña le daban bebidas de ajenjo para calmar la gastroenteritis: “vaya coja esa mata de ajenjo que en el barranco hay, o coja esa alcachofa”, le decía su padre.

La medicina en la huerta 

Blanca Maya se encarga de la huerta y conoce los secretos de la tierra, la recolección, las recetas que por generaciones han sido preparadas en esta vereda de San Cristóbal. Ella quisiera más oportunidades para aprender y ayudar para continuar con el cultivo y fortalecer el comercio de las plantas medicinales. Le gustaría aprender más sobre las plantas y sus propiedades, así como técnicas agroecológicas para mejorar la producción.

Durante el 2020 por la emergencia del Covid-19, la situación social y económica afectó a todos los campesinos en el corregimiento San Cristóbal. En especial para la familia de Blanca Maya fue un año muy difícil debido a que las ventas de plantas aromáticas y medicinales fueron muy bajas, por lo que pensaron dejar de cultivarlas y vender el terreno. Eso implicaba dejar atrás una tradición familiar y una economía básica que en lo afectivo significa mucho para Blanca y su familia.

Ella hace parte de una tradición que identifica a San Cristóbal como un territorio donde el patrimonio está vivo y aporta a la identidad y el cuidado de la naturaleza. Con su sabiduría y su humildad, Blanca cultiva la tierra para que todos recibamos las plantas medicinales y las recetas enriquecidas con las historias y una visión de mundo donde todo puede mejorar. Como anécdota nos cuenta que a raíz de la pandemia ha experimentado bebidas para prevenir el virus y así fortalecer el cuerpo y el alma. Por ejemplo, ha mezclado en infusión la aguapanela con jugo de limón, hojas de eucalipto, brevo, moringa y raíz de jengibre, una receta que pasa de voz a voz y que tiene algo de ciencia… algo de creencia y algo de tradición.

“No me vengan a decir que es lo mismo tomarse una pastilla que uno no sabe qué tiene, a tomarse una bebida de una planta, que es natural”, comenta doña Blanca.

En estas montañas de San Cristóbal que descienden a la ciudad de Medellín y ascienden hacia el sol, el patrimonio se vive con consciencia ambiental y responsabilidad comunitaria, personas como Doña Blanca Maya Álvarez insisten en mantener la huerta a pesar de las dificultades.

Yo me enamoré de las plantas medicinales”, nos dice mientras recorre un cultivo de rosa amarilla que está recolectando y al que visitan las abejas, “yo sé que sirven, por aquí todos vienen y se llevan las hierbas. Yo tengo amor por las plantas y reconozco sus poderes.

La rosa amarilla: una receta con tradición

La rosa amarilla (Tagetes erecta) es una planta anual que crece hasta 1 m de alto, con hojas partidas con el margen dentado y cuyas flores amarillas crecen en capullos solitarios. Es originaria de América, y se cultiva para la ornamentación y la medicina. En San Cristóbal la podemos encontrar en casi todas las veredas y en algunos barrios. Es una planta que embellece los jardines y cuyas flores están asociadas con la prevención y el manejo de enfermedades oculares.

Se acostumbra a echar algunas flores en un vaso con agua y dejarlo de un día para otro, para proceder a aplicarlo a las personas y a los niños con ojos pegados o conjuntivitis. Por sus propiedades para proteger las células oculares, también se emplea para la prevención de enfermedades como cataratas, se recomienda el uso tópico y en infusiones.

Fotografías: Yuly Durango y Andrés Urán.

Investigación y Edición: Yuly Durango y Luis Eduardo Cano.

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