María del Rocío García Rey / ETERNIDADES

En portada de ETERNIDADES : Sagaz, Carlos Alberto Jacanamijoy Quinchoa.

DIDO

No hay más que decir, luego de rezar

los apuntalados versos del otoño.

En cada andén y en cada calle

supimos que la vida estaba descompuesta.

Y a ti, madre, sin que te lo dijeran,

entendiste que había que orientar tu sol

hacia tu porción de luna

con ese montaje de fulgor

te acompañamos a desfilar

hacia la lívida obediencia.

La obediencia mayor no la comprende el arcoíris

por eso la noche sólo se tiñe de silencio

o de quebrantos heredados por las abuelas Heroidas.

No hay más que decir,

 ahora la mortaja de Dido

es nuestro único poema.

ESPEJOS

Desconocí mi cuerpo

cuando aún podíamos conjugar

el nombre de la abuela.

No me bastó abrir la ventana

para derramar lamentos.

El equipaje lo impuso la enfermedad,

el cuerpo roto,

 y yo sigilosa quise esconderme del mundo.

Ampliada quedó la escenografía

para representar lo que el colibrí

nos hizo creer era ecuanimidad,

pero las gardenias se marchitaron

al proclamar tu historia.

Comí gardenias, lutos historia.

No había razón para brindar,

pero el vino entró a mi cuerpo.

Y en el espejo se reflejó el luto.

No pude hacer maletas para

partir contigo.

Sólo un poco de piel acechada

por mis propias manos.

En soledad volé a la tempestad,

mientras tu hija mayor

cada día preparaba

tu tranquila noche.

Se hizo invierno,

se volcó el otoño

y mi cuerpo aun sin equipaje,

viajó al silencio que significó la aurora.

NOCHE

La noche quedó sola

no la acompañan más sus fantasmas fieles

ríos color vértigo fatigan la memoria.

La noche queda sola

el rumor de las ausencias

es el único clamor de las lámparas quebradas.

Es cierto que se ha roto la luz exangüe.

Párpados cerrados listos para poblar naufragios.

No habrá isla cercana o distante

No habrá isla.

Sólo la noche sola

clavada en las palabras.

YO PARIRÉ

Ahora soy yo quien parirá los ecos de la historia:

                                                           nube revuelta como oleaje subversivo.

He dispuesto todo para su nuevo nacimiento

detendré con mi silencio las manecillas del invierno

y con pincel en mano,

bajo los puentes de la primavera,

me dedicaré a pintar sus nombres

en cada barda con olor a muerte

renacerá la cadencia de la voz

y las historias propalarán en mi habitación

la posibilidad de renacer en primavera.

                                                           Ahora yo pariré sus nombres

                                                           inventaré mortales ritos

para que el aire nos oculte

del ensordecedor ocaso.

María del Rocío García Rey (Ciudad de México, México, 1971). Doctora en Letras por la UNAM.  Es autora del libro La otra mujer zurda, México Verso destierro, 2010 y de Mapa del cielo en ruinas, Mezcalero Brothers, 2014, Deseó Revolución, Cisnegro 2018, Hijas de la noche, Cisnegro, 2020 y La voz de mis muertos, Cisnegro 2023.En 2021 Hijas de la Noche fue seleccionada por DEMAC para formar parte de su acervo virtual.

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