Luciano

Luciano Ácleman

LA DIESTRA DEL ZURDO

“Yo sé que estabas en la carne un día

cuando yo hilaba aún mi embrión de vida…”

César Vallejo

“De la Tierra”

Lo sabía de antemano y ahora meditaba sobre esos hechos. Arrebujado en la cama y habiendo lanzado la almohada muy lejos, sólo necesitaba silencio para dilatar sus pensamientos. Su cama era un revoltijo de sabanas y colchas. Pensar lo pensado lo llevo a quedarse profundamente dormido, en soledad como casi siempre. Entre pesadillas puede vislumbrar la silueta recurrente y siempre escurridiza de aquella mujer que intenta fijarla a la memoria, pero es imposible, vuelve a despertar con un rictus de impotencia. Se levanta de mala gana y se ducha para apaciguar sus ímpetus. Se cambia meticulosamente, previendo que todas sus indumentarias coincidan, se alisa el cabello con gel y un buen peinado hacia atrás que termina en una coleta. Antes de salir, realiza su matutino hábito de inspeccionar a través del balcón de su departamento si había alguna novedad. Aprecia el discurrir de los primeros samaritanos y duda en sumirse al rebaño.

Es domingo de Pascua y en ultima hilera de la Iglesia, Camilo acurruca el libro que su abuelo le obsequio por su cumpleaños. Con el cuidado del caso, desliza cada cierto tiempo las suaves hojas para evitar la represión de las cucufatas. Siempre con la cara limpia, despejada y buena, el cura efectúa la misa con un pésimo español ibérico. Cómo siempre sale antes del tumulto y se dirige al parque que queda en frente. En medio la pileta colonial que luego fuera retirada por la Alcaldesa Villaharagán y la dispusiera para su casa de campo. Esta pileta dónde siempre dejó libre su fantasía y dónde sumergía sus manos imaginándose recoger estrellas y caballitos de mar, siempre ante la clarividente y celeste mirada de Teresa.

Teresa espera su turno para jugar “Mundo” y Camilo deja los caballitos de mar y las estrellas a un lado para deleitarse en contemplar a su amor platónico y cómo sonríe, canta, salta y mueve sus manos y cómo trepa un árbol y cómo cae y llora.

Nadie sabrá que tu pecho juntito al mío ha latido

Que disfrutamos instantes de fascinante dulzura

Nunca diré que hubo noches que te amé con locura

Nadie sabrá que en tus brazos, borracho de amor

Me quedé dormido

El Santa Teresita del Niño Jesús, es un colegio carmelita donde sus estudiantes adquieren la estampa de la moralidad, buenas costumbres, la pasión por el conocimiento y el amor por toda forma de vida, pero sobre todo por lo divino. Camilo no fue la excepción, más aún por su introversión, descoordinación y ambidiestro. Ser zurdo y no siniestro, fue un problema para su padre y gracias a un operativo conductual agresivo, lo volvió totalmente diestro. En ese proceso, Camilo asía el cubierto como una pala y el lápiz como un puñal.

Habían asesinado su zurdera, generándole dispraxia y serios problemas de orientación espacial. Para no desentonar con sus hábiles coetáneos de barrio, tuvo que sumergirse en juegos solitarios, hablar estrictamente lo necesario y refugiarse en los libros. Y permanecía en silencio pese a las mofas, insultos, golpes y mohines de sus compañeros de aula, salvo Teresa y sus eternos cabellos de trigo lacio.

Camilo era muy novel para entender su primer amor platónico. Cuando Teresa le invitó a su onceavo cumpleaños, no supo que hacer y ante la incertidumbre, permaneció sentado toda la noche en su cama, mientras ella se divertía bailando y jugando con otros niños, degustaba la deliciosa chicha morada y la torta de chocolate.

Tiempo después Teresa comenzó a desarrollarse como sólo lo hacen las venusianas. Camilo para no desentonar, recibió de buen gusto las primeras revistas Playboy de sus compañeros y por añadidura sus primeras experiencias onanistas y siempre pensando en Teresa.

A los 13 años se volvió bibliófilo gracias a su abuelo que en realidad era como el padre que nunca tuvo. Convertirse en lectomano tenía sus privilegios. El efecto mayor: ya no se peleaba con nadie. Tal parece que su abuelo sabía mucho más de lo que aparentaba y le dio la mayor bendición y lo sacó de las fauces de la ignorancia. Enriqueció su mismidad hasta dejarse llevar por la tranquila, estremecedora y jocosa adicción llamada Literatura. A los 13 años llegó Henry Melville a sus manos, luego sería la Odisea y la Iliada. Los amigos puberiles fueron lo de menos en comparación a la fascinación de las historias. Se deprimía porque sus amigos no pasaban de la sección deportiva de cualquier periódico y no tenía con quien discutir sobre Aquiles, la estremecedora ballena blanca, las lágrimas de los héroes griegos, la vida y muerte de diversos personajes que transitaban por sus ojos.

Cómo poder compartir la ciega pasión creativa de Homero, la profundidad del Yo de Rilke, las aventuras fantásticas e inverosímiles de Verne, el estrujar del corazón en Amicis, la pasión conservadora de Dickens, las correrías románticas y caballerescas de Dumas y las leyendas y romances de Walter Scott, los viajes por lugares inexplorados y en parajes inhóspitos de Salgari, los versos de Adán, Martí, Moro, Vallejo y la inmortalidad de Borges.

A los 15 años ya era un viejo, encantaba a las chicas comentando las hazañas de los personajes e historias leídas. Fue ganándose la admiración y suspiros de ellas y el rencor de ellos. Algunos se aburrían y se alejaban, pero nunca Teresa. No por ese motivo, salvo al ver alguna cara bonita, aunque tuviera aserrín en la cabeza. Con el transcurrir del tiempo se ganó el respeto de ellos, en vista que escribía poemas para sus enamoradas. Por su agudo desarrollo literario, también los salvó de los exámenes de lengua y literatura. El cabeza hueca de Carlos había encandilado a Teresa y a pedido de ella, Camilo lo hizo aprobar varias materias y pudo pasar de año escolar.

Carlos siempre fue un caso emblemático de insensibilidad, brutalidad y belleza física. No le gastaban bromas porque instantáneamente respondían sus puños. En aquel verano a los 16 años, Camilo quedó impactado por los azotes en la costa norte por el fenómeno del niño, mientras los demás estaban sumidos en la efervescencia del campeonato de fulbito, pese a perder por goleada, nada les quito el entusiasmo hasta el siguiente partido.

Llegó fin de año de 1998 y hacía mucho que había dejado de ver a Teresa. Ya había perdido el interés, todo su entusiasmo estaba dirigido en los libros. Ya empezaba a esbozar sus primeros cuentos y poemas. En el verano de 1999 llegó una invitación a una reunión de reencuentro en el Colegio Carmelita Santa Teresita del Niño Jesús. Ya en ese tiempo se había graduado de anacoreta e iconoclasta y llegado el día del evento, se quedó observando la imagen y autorrelieves de la tarjeta de invitación.

Pasaron unos 10 años más, le llegó vía mail que encontró en su buzón spam y en el asunto decía “Teresa”. Ella le invitaba a un especial reencuentro. Apenas recordaba su rostro adolescente. Recién allí estuvo a primera hora en el patio central del colegio, testigo de sus múltiples caídas (recuerden que era dispráxico), gracias a los cabes de Carlos. Llegaron casi todos sus compañeros de infancia, Teresa nunca.

No todo era lúgubre, no había dudas que resolver tras el balcón. Entre esos primeros samaritanos aparecía la silueta de su sueño recurrente, los repetitivos cabellos de trigo lacio y fiero ulular de cintura. Era Teresa. Sale disparado como una bala al encuentro de su único amor verdadero y logra alcanzarla en la puerta del edificio donde vivía. Casi se funden en un eterno abrazo, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante.

Teresa le confiesa estar perdidamente enamorada.

Pasó una semana y ahora como siempre, en la última hilera escuchaba el sermón en pésimo español del padre carmelita. Cómo siempre tenía un libro para no aburrirse con el discurso. Pero esta vez no leía ¿Cómo podía leer en esta ocasión? Era imposible. Sólo se quedó viendo cómo nunca se hubiera imaginado el casamiento de su querida Teresa con el cabeza hueca de Carlos.

(Octubre 02 de 1999)

ART POÉTIQUE

Un verso es inclemente impío
una bacante en la autopista
el peaje a tener en cuenta
a veces es un bostezo
un espasmo
un orgasmo

Es una pérdida de la perdida
un reencuentro azufrado
el desencuentro en una lágrima
cuando quiere llega
& cuando no es ausente

Un verso es un beso que no se rinde
~ viene en cajita de regalo
ni por agencia de viaje
César Vallejo gozó su enfermedad
& evitó las histerias pirotécnicas

Un verso es un arma al ristre
lista para un exterminio masivo
& también para conservar la vida

Un verso en un crimen de lesa humanidad
una reivindicación postmortem

Cuelga de un naranjal
aterciopelada manzana original
que disfruto como delicioso puto
más allá de todo bien & todo mal
es marejada que viene & va

LEVEDAD

Supra hominis fortunan
Cicerón


Para Josefina

Voy
hacia el Sol
Luna Ardura en el corazón

ayer
hoy
mañana
siempre

Amor
el firmamento esplende
en los sueños se devela
en la vegetación en el animal & humano
también

Sin recordar cómo
o en que vida aconteció
hemos de retomar
el camino

volver
revolver
devenir

El devenir siempre
nos alcanza
con su eternidad & finitud
andar y desandar
reanudar & desligar
fuerza impulso luz

Amor
de la obscuridad & divinidad
siempre acaecerá el ángelus
también
clareará

Lo eterno reverbera
entre TU YO

Volveremos a lo sempiterno
hacia el summa arquitecto
hacia la cuna de las leyes imperecederas
hacia la música de las esferas
hacia el color sabor olor inmarcesibles
& nos fundiremos
en la magnánima poesía universal

ENCARNACIÓN

Primavera
El día es un arco iris
es almíbar
almeja
alondra
es aire & riñón
ínsula & osmosis
en el lirio
& en las espinas
en el niño
& en el sanguíneo

Verano
Mirada que esplende
fuego que abarca el corazón
que se expande e individualiza
en playas & desiertos
en el joven colérico
en inhalación & pulso
en lo verde y el estío

Otoño
Los árboles se astillan
opacidad que dinamiza el hígado
& marchita o solidifica
insípido y negruzco vaivén
de recogimiento
& murmullo
de la flema
de la mesura del adulto

Invierno
Viento rancio
chubasco de lo ignoto
del pulmón que lucha
a pesar de la inspiración
o la melancolía
es momento de exhalar
volver a la infinitud

Lima, Cuatro / 01 / MMXVI

SANACIÓN

“Oh, Señor, Dios mío,
a ti clamé auxilio y me sanaste”
Salmos 30: 3
†A Lila, mi hermana mamá

En el Principio gobernó el materialismo
y todo era consumismo y depredación
despotismo y dogmatismo

Luego devinieron las secuelas
dícese que quedarse en casa era incuestionable
a tomarlo con sensatez o desatino
otros a aburrirse hasta el hastío

Algunos meditaron
otros rezaron e invocaron
bailaron y se ejercitaron
otros se encontraron con su tenebrosidad
con la incertidumbre, el desasosiego
miedo, angustia
y desesperanza

Luego llegó la justificación y negación
la minimización y racionalización
migraron de la hecatombe al shock
de la pérdida al vacío,
renunciaron a sueños y planes

Más luego la rabia
a señalarse con encono
se retiraron y bajaron los brazos
marchitaron sus miradas
y en la penumbra más fosca
se despidieron
su sol interior se encogió
y todo se detuvo

No quedo lugar sino a la amarga aceptación
a sucumbir de alguna manera
a buscar entre libros y viejos hábitos postergados
a escuchar y aprender del silencio
a descansar y jugar

Pero también muchos de ellos y otros hallaron la fe,
la esperanza y amor
se transformaron en sacrificio y devoción
pidieron por sus hermanos y por el mundo
perdonaron y fueron prudentes

& cómo en el Principio fuera
florecieron como el Fénix
se reinventaron
& germinó nuevamente el pan, la luz y el calor
surgió una nueva fuerza interior plena de sol
henchida de alegría
con originales ideas
con auténticos propósitos
& volvieron a soñar
& se reencontraron con los ideales

Lima, 21.04.2020

Luciano Ácleman (Lima-Perú, 1971). Luciano Huamán Arismendi es poeta y escritor. Licenciado en Psicología, egresado en Educación y estudios incompletos de Literatura. Asimismo, posee nueve postgrados internacionales y una maestría. Viene publicando desde el 2000 hasta la actualidad. Producción literaria suya ha sido premiada, publicada y reseñada en su país y en varios países de Iberoamérica, Europa y Asia. Realiza actividades de promoción cultural, en especial en el ámbito literario y pertenece al grupo literario Claroscuro. Participante del ciclo de Poesía Life 2.0 Raíces del umbral americano: hacia un revisionismo poético y Poéticas de la otredad (Colombia, 2021).

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