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José Alberto Capaverde / ETERNIDADES

En portada de ETERNIDADES : Sagaz, Carlos Alberto Jacanamijoy Quinchoa.

ERÓTICO DEMONIO

Ella sentada, afuera de su Palacio de Madera, de una colonia marginal, siempre me esperaba, cuando por el camino sinuoso, daba tumbos y vuelcos, buscando en sus brazos la hoguera anhelada…

Ella vestida en bata raída, donde mostraba un poco del corpiño y bragas, se acomodaba en una silla desvencijada, abierta de piernas, y  fumando, me evocaba, al mismo tiempo que pasaba su lengua de gata sobre sus labios púrpura.

Ella era hogar, casa, refugio, abrigo, que cuando mi mente estaba perdida por algún alcaloide de alto calibre, siempre eran sus piernas donde mi cabeza de loco reposaba y alucinaba.

Ella pensaba que su cuerpo era una almohada para mis demencias, hasta el grado, que siempre estaba dispuesta a beberse la sangre de mis heridas.

Ella trabajaba en un burdel del centro del «universo» de esta vieja y sombría ciudad, era la mujer más solicitada y maravillosa de ese lado salvaje, pero no cotizaba altos sus honorarios, lo único que pedía es un poco de amor,  además de la paga en billetes arrugados y  de baja denominación.

También cantaba desafinada y con voz sepulcral, y recordaba mi maldito nombre cada que atendía a un cliente, lo pronunciaba como un mantra sagrado.

Ella me invitaba al templo de Eros, sólo para percatarse que aún vivía, y que la sangre fluía en mi venas, y miraba, observaba, mi rostro lívido, mis ojos de desquiciado.

Llegaba vestido de negro, no sólo mi cuerpo, también la consciencia, bebiendo vodka, y fumando cannabis, la buscaba, en el lupanar áureo, no parecíamos humanos (ella y yo), sino Dioses caídos, con alas quebradas, vomitando lunas…

Ella me decía: date una vuelta por el Templo de mi Cuerpo, y me esperaba abierta de piernas y brazos, pero no me trataba como uno de sus pacientes de amor, era para ella como el gato noctámbulo, que aparecía muy de vez en cuando, para aparearse en el tejado.

Ella no recorría la urbe con música de blues, ni volaba las noches con sombras de hachís, lo hacía con mi rostro perverso, que era su vicio más potente y adictivo.

Ella cuando pensaba en mí, se le erectaban los pezones, y sentía en su entrepierna mi ser que la pene-traba, hasta llevarla al orgasmo.

Era su erótico demonio.

CÓCTEL DE LOCURA

José Alberto Capaverde (México): Poeta. Conocido como «el seis» es autor y colaborador de múltiples publicaciones a nivel mundial. Bohemio y transgresor desde una vida literaria marcada por el erotismo. Sus relatos poéticos pueden ser crudos y peligrosos.

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