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Jhony Gallego / ETERNIDADES

En portada de ETERNIDADES : Sagaz, Carlos Alberto Jacanamijoy Quinchoa.

DAME TU BRILLO, CIUDAD

Breve esbozo interpretativo sobre “Dame tu canto ciudad” de Marta Quiñonez


“el artista, por definición,
aprende muy pronto a soportar la soledad
en nombre de la creación de la obra”. Carlos Fuentes

Cuando Borís Abramovich Ansky[1] descubrió que su carrera literaria irremediablemente lo llevaría al suicidio o a cometer una locura semejante, tuvo que aceptar la insensatez de su destino y el delirio que produce amparar la existencia bajo cualquier ideología; sus cuentos, que en otrora fueron un fenómeno literario para la revolución rusa lo habían ido apartando un poco del partido, un poco de la vida social moscovita y un poco de los amigos intelectuales con los que frecuentaba tertulias; decidió volver al cantón polaco de donde había salido siguiendo las ideas comunistas y regresar allí, para luego, en una empalizada construida por su padre para esconderse de los sabuesos que sabría irían en su búsqueda, hacer memoria de su existencia. Recopiló toda su vida en las páginas de un cuaderno que algunos años más tarde el soldado Hans Reiter habría de encontrar y cuyo material fue el insumo que el joven prusiano requería para convertirse en escritor; lejos de la urbe rusa, Amsky había dedicado esta escritura a desentrañar el ocaso y alba de su vida, escribiéndolo casi todo de un tirón, descansando apenas cuando el sueño vencía el mundo de apariencia y realidad que gobernaba sus días después de todas las locuras vividas durante la Segunda Gran Guerra y en medio de la revolución rusa.

Quizá por eso mismo, Marta Quiñonez, ha comprendido que en este país, en nombre de la buena moral, la paz y las libertades sociales, se han cometido bastantes atropellos. Atropellos que el poeta siente cabalgar por su alma y trepar por su piel para depositarse en la cabeza, poner en letras toda esa putería que se carga cuando la insensatez de nuestros gobernantes imposibilita nuestros sueños y vuelve austera la existencia. En su obra “Dame tu canto ciudad”, Medellín parece un río rojo por donde corre poesía de horror, por su apariencia bermeja podríamos creer que se trata de sangre, pero luego aprendemos que no solo puede ser sangre, también puede ser el reflejo del sol de los atardeceres veraniegos, cuando el firmamento parece incendiarse en el epílogo o inicio del día.


La ciudad es la misma aldea de terror que a la vez invita a fantasear, a creer en hadas o superhéroes y no solo en asesinos y malvados; es la ciudad de Pablo Escobar, la misma a la que cantó Gonzalo y José Manuel Arango. No podemos tratar de encontrar en esta obra una apología política o social enfrascada en un discurso onírico; la poesía es ante todo pasión, pasión de contar los fenómenos que transcurren mientras nuestra mirada se ocupa de otras cosas, solo podemos saber que los habitantes de Medellín, sin excepción alguna, podrían recitar: Siento en mi adentro/una ciudad enternecida/vibrante/en su luz/en su ceguera. Seguimos ciegos pero no de obnubilación, sino de tragedia, Una tristeza vagabunda/ un desanimo de amor citadino.


Quizá al igual que Amsky, Marta quisiera estar al lado de su mar natal y escribir allí, pero la velocidad de esta ciudad la atrapan y le dan a su mirada provinciana la sensación del ser humano que es capaz de devastarlo todo, ella que bien conoce que Uno se va agotando/de ser mujer o de ser hombre/urbano y ve El hombre como depredador del mundo y el poeta de la palabra. Tampoco intentaremos dilucidar cómo le impregno a Marta la trascendencia o sensación de vivir en la zona noroccidental, en esa precisa época, los comienzos juveniles de una mujer rebelde y con retos; ella dice que su nombre es canto de guerra y amor, dos polaridades luchando al interior de un ser humano, teniendo la noche como espacio de la locura y el ensueño, de la muerte y la angustia, su propósito parece ser arrebatarle el delirio a lo real y afincarle un poco de locura a la tragedia, por eso La calleja soñolienta/ se impone a la vista de los insomnes. Ella, noctámbula por naturaleza, se reconoce en la soledad y silencio de la noche, ese silencio que tanto le inquieta y al que le cuesta llegar en medio de las atrocidades y epifanías que rondan su cabeza. Ella sabe muy bien, como lo saben los poetas de carne y hueso, aquellos que crearon su obra a la intemperie, que la noche avanza/sobre un rostro/ que adivino el mío. Tal vez porque en la noche el poeta se encuentra con su verdadero rostro.


Pero en ella, al igual que en Amsky le sucedía con Rusia, los campos y ciudades de este país amnésico sacuden sus emociones, es cuando el oficio le pide a gritos darle a eso que sabe hacer, y escribe cosas tan de ella como tan de su país: Quedo/como los pueblos fantasmas de mi patria. Y ante los fenómenos rudos de Colombia, que se han ido normalizando porque nuestros oídos y retina se han acostumbrado, con el paso de las noches y de las violencias que se relevan vicariamente sobre los campos y barriadas de Colombia, a morir y desfallecer, los colombianos Nos sostenemos en un mutismo, una forma de negar el delito que se comete con la vida ; además La sangre corre como un río/por tus calles, Marta habita la ciudad que agoniza y la que elucubra, la que padece y la que se emociona, ambas ciudades en una sola disputándose la perspectiva de su poesía. Tampoco nos puede ser permitido analizar a la poeta desde una perspectiva académica.


Cuando la conocí, en la facultad de educación de mi universidad, comprendí con un solo discurso el objetivo y la búsqueda del curso que dirigía y lo vuelvo a comprender cuando leo: Las niñas reclaman su alegría/tú Medellín/les ofrendas tu indiferencia y Hoy no hay temor de ser/ cuando ayer/ fuimos la muerte. A los poetas solo se les puede medir con el rasero de la carne y allí todos somos traficantes de algo, de cualquier elemento físico o etéreo que ha caminado siempre con nosotros, un elemento trascendental desde el que definimos la vida y nos aferramos a ella y le encontramos cierto valor a la vez que cierto desprecio, un elemento que, finalmente, solo procura simbolizar con nosotros y establecer un punto fijo para referenciar o nombrar el caos desde el que hemos venido floreciendo, por ello Andamos solos en el laberinto original, le cantamos a la ciudad y ese canto es también plegaría.

PT: Agradezco a mi profe Marta por “elegirme como salvación de sus versos”.


[1] Roberto Bolaño. 2666

AGONÍA SIDERAL

Y están los amigos
La poesía solo es una excusa
En la noche somos invisibles
Transitamos como fantasmitas hechos de humo de cigarrillo
Acá todo es irreal
En el reinado del Caos Todo es Perfecto
Solo el aire nos abre la puerta
En la noche todos somos amigos

Si hay lumbre, Todo es.

La noche reposa con el fondo de un rock
En el resplandor de esta ciudad Eterna
En la primavera de un deja vu silente
En la tertulia y el choque de cristales
Y ahí estoy Camuflando la Nada en el Tiempo
Orgulloso del Destino y el Azar
Preso de ellos

Estable y moribundo en la ruta de la noche.

Dime mujer que con tu gemido violas la Soledad de una madrugada Insaciable
Cómo logras transparentar mi alma
Cómo derrites mi sudor en tu piel
Cuanta fuerza cargas en tus ojos que franquean mi Devenir
Dime mujer que besas el escondido paisaje de mi piel
Qué Poema preciso entonar para comprender el trazado de tu cuerpo, la rima de tu susurro
El rincón donde solo llega mi Poesía
El regalo escondido donde mis versos son rito, tu cuerpo el altar y tu Goce la ceremonia
Dime mujer dónde habita tu silencio de pupilas dilatadas

En qué Poema ha sido descubierto, qué poeta lo ha escrito.

El Tiempo
Ese maestro ineluctable

                El Tiempo 
                                                                                 Ese demonio de mil cabezas.

Entonces te convierte en ritmo volátil
En noche de las noches
En el susurro cotidiano del reloj
En la ambigüedad del dibujo fugaz de la luna entre el árbol
En la risa del semblante nocturno de la montaña

En el misterio de la oscuridad y la luz.

Y llega la tarde, en su naranja repliegue
Mil figuras emergen del recuerdo
Los innombrables síntomas de la Vida
Sus mortecinos coletazos
A veces un ancla figura los códigos del Tiempo
A veces una botella con un mensaje a la deriva de una mar soledades

A veces la vida, el tiempo.

Si estuvieras aquí, Mujer Aquí, sí solo tú, Mujer
Junto a los libros, la noche, los perros, las canciones, la yerba, el vino y mi sombra
Si estuvieras aquí, Sí, Mujer Aquí,
Tal vez tú y no esta Amargura Locura

Estaría aquí.

Fui por ti
Te vi desde un jardín desértico
Allí cuidé ese fruto impredecible
Surgió no una Flor sino una Galaxia
Allí gravitó mi amor
Allí edifiqué un templo

La Iglesia es tu Verbo Innombrable, Inconmensurable.

Brindo por la palabra muda, que luego florece en lo esencial, lo invisible a los ojos
Brindo por la Palabra Leyenda, la Palabra bruja y subversora
La palabra que Liberta y emancipa
La palabra que nombra y crea
La palabra, fiel amante de mi camino

Concubina de mi Soledad y Saber.

Creo que estamos hechos de momentos
De luces psicodélicas que nos derriten el alma y nos colman el aliento
Somos verdugos de una realidad que sepultamos con Poesía
El tiempo es el signo de nuestro furor

Y en su fuego Somos víctimas y victimarios.

Ella se hizo Invisible
Pero sigue ahí
Tocable Palpable Admirable Amable Inalcanzable
Ella es una Galaxia desorbitada
Y su recuerdo me atraviesa en mis Nebulosas mentales
Entonces orbito en su estela
En su confín de universos vespertinos

En mi ritual de reiterados suspiros.

Ella, se ha ido al país del Silencio
Su figura, en la transparencia equivoca del recuerdo
es como una leyenda o un cuento de Hadas que creí vivir o leer
Ella habita una ciudad de «espejos rotos»
Ella vibra en la cadencia del cosmos

Sus ojos son dos estrellas que orbito.

Y luego, no regresas
Te vas por la bruma del pasado
Alucinas desde la esquina de un devenir incierto e incómodo
Despiertas en una selva de recuerdos fragmentados
Y tropiezas con un país alucinante que ciega tus certezas

Y luego respiras el aire de la realidad y sacas lo oscuro

Entonces te escondes en las cortinas del verso
Por pasarelas del mundo anhelas escudriñar la belleza de una luz o una oscuridad
Prisa y con atención vigilas las calles en una madrugada estéril, insomne

Luego sales como flecha por las azoteas.

La vida

esta noche

solo es

el horizonte gris de la ciudad.

Las estrellas se han apagado
La ciudad respira mi Silencio
Sus luces, titilantes, advierten el frío de una madrugada
Una madrugada donde tu vacío es un eco de mi vacío
Mañana es un verbo inacabado, una seguidilla de tic tacs que torturan
El tiempo es el único Dios
Y en su reino, todos somos súbditos
El Silencio es nuestro único guardián
Las palabras migran por mis ojos y mi piel
La madrugada es una enamorada
Una musa que te suplanta mientras el recuerdo me trae tus aromas
La vida es este Silencio atragantado que convierto en Poesía.

Jhony Gallego (Medellín-Colombia, 1984). Licenciado en Humanidades Lengua castellana. Fundador del Festival de Poesía comuna 6 y Citibundas “Palabras que divagan en el barrio”. Cuentero, narrador, poeta y mediador cultural. Amante de Verne y Bolaños. Encuentra en la palabra la libertad que no halla en la prisión de su cuerpo.

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