Elizabeth Nérida Zorrilla Garayar / ETERNIDADES

En portada de ETERNIDADES : Sagaz, Carlos Alberto Jacanamijoy Quinchoa.

¿SURGIR CON EL SUFRIMIENTO AJENO?

El cielo no aplaca su ira, sigue llamando a sus hijos
para que algo hagan por la tierra, lo hacen a gritos,
envía luces incandescentes en señal de protesta.

¿Y las autoridades dónde están? ¡Y nadie sabe nada!
No responden a las preguntas que les hacen.
Las casas llenas de agua, pueblos aislados,
viviendo sobre lagunas, propiciando focos de infección.

¿Acaso no tienen sentimientos? sólo vemos
facinerosos aprovechándose de las situaciones,
traficando con las necesidades de su prójimo.

¡Cálmate cielo querido! ¡Tranquilízate! ya no llores,
entendemos tu malestar, tu dolor.

¡SI VOLVIERAS A LA VIDA!

Pienso en María Parado de Bellido…
diste tu vida por la independencia del país.
Y ahora, si volvieras a la vida… volverías a morir
al ver tanta corrupción.
Leo tus últimas palabras antes de tu muerte:
«No estoy aquí para informarles a ustedes,
sino para sacrificarme por la causa de la libertad».

Ventura Ccalamaqui, tú que lideraste un
grupo de mujeres en nuestra bella Huamanga,
arengaste brazo en alto por los derechos
de la mujer, por la justicia social …
Si volvieras a la vida…
volverías a morir al ver tanta injusticia.

Micaela Bastidas gran compañera de Tupac Amaru
que dijiste “Por la libertad de mi pueblo he
renunciado a todo… no veré florecer a mis hijos”.
Si volvieras a la vida…
volverías a morir por tanto infortunio.

Brígida Silva de Ochoa que prestaste apoyo
incondicional a los patriotas enviados presos a
España. Si volvieras a la vida… volverías a morir
por tanta incertidumbre.

Basilio Auqui, gran morochuco. Tus últimas palabras fueron:

¿Habrá valido la lucha que hice, valió la pena?
¡Adiós libertad! ¡Adiós amado Perú!…
¡Adiós Cangallo querido!
Me pregunto:
¿Acaso ha sido en vano vuestro sacrificio queridas/os
¿Heroínas y héroes? ¡¡Claro que no!!…estamos las
mujeres y hombres del siglo XXI para visibilizarlos/as
y seguir vuestros pasos y dejar huellas
tal como lo hicieron Uds.

¡ESTÁS ENFERMITO!

Bertila es una madre de mediana edad, al cuidado de las tareas de su casa, pendiente de las necesidades de su familia, tiene dos pequeños hijos. Un día observa a su pequeño bebé de unos nueve meses de nacido con las mejillas muy sonrosadas, su cuerpito caliente, le aplica paños fríos en la frente, aligera su ropita, no baja la temperatura aun cuando la habitación está ventilada, no deja de emitir un sonido de fastidio, dolor, toma un poco de líquidos y lo arroja.
La abuelita María al verlo así comenta — parece que le han “ojeado”, será bueno llevarlo a la curandera para que le haga una limpia y le quite el mal del ojo— agrega. Su papá lo carga, lo arrulla. Ante esta situación decide llevarlo a la Posta médica, lo cubre con una colcha delgada. En el camino trata de tomar un mototaxi, el conductor se niega a llevarlos, menciona que no va a esa zona y sigue su viaje raudamente. Este hecho se repite por varias veces con otros mototaxistas, ante estas negativas decide caminar hasta la Posta, queda a unas siete largas cuadras.
Cae una lluvia de regular intensidad, apresura el paso, el camino por trechos es de tierra, pasan los carros, salpican agua, barro a cuanta persona transita, el pequeño no deja de llorar, retira la colcha con sus manitos.
Ya en la Posta hace su fila en el Área de Admisión, el público los mira asombrados y empiezan a retirarse presurosos, ella se sorprende por este comportamiento “para mí mejor que se vayan” piensa Bertila: “seremos los primeros en atendernos”. Cuando llega a la ventanilla el trabajador ya entrado en años y que peinas canas, se queda mirándolos, después de un buen rato reacciona, entre estupefacto y asustado le manifiesta que se acabaron las citas y no hay atención.
—¿Cómo que se acabaron las citas? mi hijo está mal y necesita que lo vea el Dr. — increpa Bertila. No obtiene respuesta, se da media vuelta el trabajador y cierra la ventanilla.
Ante tales comportamientos se siente fastidiada, humillada, discriminada, después de un breve silencio piensa: “¿cómo me gustaría que las cosas no fueran así?” “…bueno en fin…” Se sienta en una de las bancas abrazada de su pequeño y después de una larga meditación opta por retirarse con una pena en su corazón a seguir buscando ayuda.
Estando ya cerca a la puerta de salida un Dr. muy extraño, le llama y le dice que lo atenderá — Somos los diferentes— agrega. — Lo queda mirando un buen rato y sonriendo comenta: — es un bello minotaurito… ahí están sus rasgos: carita de toro, sus pequeños cuernos, cuerpito de hombre y una linda cola —No se preocupe…lo evaluaré… tome asiento por favor… cuénteme: ¿Qué le sucede? Agradece tanta bondad, regresa a su casa contenta por la atención recibida —Jorge Luis irá mejorando poco a poco—comenta.

Elizabeth Nérida Zorrilla Garayar (Lima- Perú, 1950). Le gusta leer obras de autores de su país como Manuel Escarza, Ciro Alegría, Clorinda Matto de Turner y de otros autores. Le gusta escribir poemas y cuentos. Asiste al   Centro del Adulto Mayor “Pablo Bermúdez” en Lima- Perú.

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