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El habitar en la poesía de Hölderlin

Por Yuly Andrea Durango*

Introducción

Uno de los objetivos de Heidegger al escoger a Hölderlin como el poeta que poetiza lo esencial de la poesía, “el poeta del poeta”, es la de mostrar su originalidad y de este modo lo caracteriza en cinco lemas o puntos específicos: la inocencia de la palabra, el peligro de la palabra, el diálogo y el nombrar poético, lo fundacional, y en última instancia, el habitar; es en este último en lo que se va a centrar este ensayo.

Partiendo de la vinculación que hace Heidegger entre Hölderlin y la esencia de la poesía, este ensayo analiza las resonancias que se pueden encontrar entre el habitar heideggeriano y el habitar o permanecer esencial que funda la poesía de Hölderlin. La palabra esencial que funda la poesía de Hölderlin se cumple en el habitar poético que realiza el hombre en la tierra. En este escrito vamos a centrarnos en aspectos esenciales del habitar del hombre, estos aspectos dan cuenta de la particularidad y sensibilidad del poeta, así como remarcan lo propio de la naturaleza y la cultura en la que habita.

El habitar en Heidegger

Para Heidegger, el habitar parte de una reflexión sobre el lenguaje y, en esta medida, esta reflexión surge desde lo poético del lenguaje como una manera de reflexionar sobre lo propio de la situación del ser. El habitar al ser más que un simple construir, logra pasar a una dimensión trascendente como la cultura, la cotidianidad, la historia, en otras palabras, las actividades humanas. Todas ellas como fuente de reflexión y de canto con las que el hombre en comunidad va tejiendo un círculo de confianza en el que lo mortal y lo divino entran a ser parte de su ser.

Heidegger en el texto “Construir, habitar, pensar” nos previene de caer en el error de interpretar el habitar sólo como una construcción, pues no toda construcción sirve de morada. En este sentido, un puente, un edificio, son construcciones, pero no viviendas. Sin embargo, estas construcciones son regiones del habitar, éstas van más allá de una construcción y no se limitan a la vivienda. Al respecto, Heidegger pone como ejemplos a un camionero y a una obrera de una fábrica, para los que su casa son la autopista y la fábrica, respectivamente, no obstante, ninguna de estas construcciones son sus viviendas. Ahora bien, la pregunta que se plantea en este punto Heidegger es la de si a pesar de que el hombre cuenta con un alojamiento seguro, es esto garantía para que acontezca un habitar.

Bien se puede decir que a pesar de que estas construcciones albergan al hombre, él no habita en ellas. Estas construcciones que no son viviendas no dejan de estar determinadas por la región del habitar al servirles al hombre como habitar; por tanto, parece que el construir es un medio para el habitar, están pues el uno respecto del otro en la relación de medio a fin. No obstante, este modo de pensar el construir y el habitar en el esquema medio-fin, traen otro problema, a saber, que se rompen así las relaciones esenciales. Pues construir no es sólo un medio para habitar, construir es en sí mismo ya un habitar. ¿Cuál es pues la esencia del construir y el habitar?

De acuerdo con Heidegger, la esencia de una cosa nos viene del lenguaje, es el lenguaje el que es y ha sido siempre el amo del hombre. Tal vez la inversión de la relación de dominio lenguaje-hombre, hecha por este último, alejó la esencia del lenguaje de lo hogareño, como lo era en un principio.

Desde la reflexión lingüística de Heidegger se sigue que, la palabra del antiguo alemán, Buan, que corresponde a construir significa, por un lado, “habitar, es decir, permanecer, residir y por otro, nos da la clave para pensar el habitar que ella nombra y hasta dónde llega la esencia del habitar.” (Heidegger, 2005, 2-3). Del verbo Bauen, Heidegger deriva la palabra “bin”, así el límite de la esencia de habitar va hasta el modo como yo soy “ich bin”, tú eres “du bist”, “la manera según la cual los hombres somos en la tierra es el Buan, el habitar” (2005, 2). Por tanto, nuestro habitar es en esencia un modo de ser, el hombre es en la medida en que habita, ser hombre significa estar en [habitar] la tierra como mortal.

En este sentido, se puede afirmar que Heidegger cuando habla de la construcción no está pensando ésta únicamente como espacio material destinado al refugio de los seres, si bien estas construcciones albergan, dan refugio al hombre, Heidegger denuncia el que en ellas no acontezca un habitar porque éste va más allá de una construcción. El habitar se caracteriza fundamentalmente por el cuidado: cuidar, abrigar la existencia del ser. De este modo, según lo que nos muestra Heidegger vamos a analizar qué resonancias tiene su concepto de habitar en los modos de habitar de Hölderlin.

La poesía: un modo de habitar

La poesía como habitar esencial del hombre comienza por el nombrar que es fundamento del mundo y de la realidad. Este nombrar de la poesía es la base del habitar del hombre porque así el hombre reconoce y se reconoce dentro de la dinámica que se presenta entre la sociedad, la naturaleza y el interior de sí mismo. Nombrar en el caso de la poesía es un comienzo del habitar en que se reconoce la propia condición de la existencia y no se nombra cualquier cosa, sino aquello que es desconocido, pero al mismo tiempo familiar y esencial al ser.

Este nombrar no es suficiente para habitar entre los hombres ni ante los dioses, al decir de Hölderlin, pues es necesario que esta relación de conocimiento y sentimiento pase por el diálogo. El diálogo como ejercicio poético y fundamento humano es también la forma original del habitar del hombre. El hombre hace comunidad con la naturaleza, con lo divino y lo mortal a través del diálogo que tiene como esencia el nombrar poético:

Muchas cosas, desde el amanecer,
desde que somos una conversación y unos a otros nos oímos,
le han ocurrido al hombre; pero pronto seremos canto. 

(Hölderlin, 2013: 145).

Amistad

En poemas como el «Himno al amor» y «Canción de la amistad», nos habla de la importancia del nombrar estas actividades humanas en la medida en que hacen parte del modo de habitar del hombre, de esta manera se vislumbra que el habitar no se relaciona sólo con la modificación de la naturaleza o la construcción de recintos, sino también con el tejido humano y las manifestaciones emocionales o afectivas del hombre; pues estos son los que en última instancia le proporcionan al hombre un habitar afectivo. Por medio de este habitar la palabra se convierte en sentimiento y canto. Hölderlin lo expresa de la siguiente manera en “Canción de la amistad”:

El amigo nos ofrece el vaso en
la fiesta de la alianza,
cuando carecía de amigos
cosechaba sin alegría, sin vida,
sarmientos de Lyeus.

(Hölderlin, 2011:47).

En este fragmento en el que la cosecha sin amistad es amarga, el habitar aparece bajo los símbolos del vaso y la fiesta que son construcciones humanas y en esta medida dotan al mundo de un carácter propio y entrañable. Dar un vaso e invitar a la fiesta son signos de la confianza y del cuidado.

En el poema “Himno al amor” leemos:

...con el juramento y el beso olvidamos
el cansino ritmo del tiempo,
y el alma se vincula atrevida
a tu placer, infinitud.

(Hölderlin, 2011, 53).

El beso y el juramento

En este fragmento aspectos como el beso y el juramento se proponen como formas esenciales de enfrentar la monotonía y la adversidad del tiempo, aquí el habitar nos muestra una dimensión distinta del espacio y de la naturaleza, pues nos enfrenta al tiempo, lo que a su vez nos indica una relación esencial con la muerte y con el infinito.

En la medida en que el habitar implica las construcciones y actividades humanas, es decir, el levantamiento de ciudades o templos, la poesía nos expone las características de los espacios y sus transformaciones, y al tiempo nos hace visibles las formas del habitar como actividades propias del hombre, desde lo más simple hasta lo más elevado, desde el labrar la tierra del campesino hasta el quehacer del poeta:

Por eso, para merecer estar en la presencia de los inmortales,
rivales entre sí, los pueblos se disponen
en orden suntuoso, alzan hermosos templos,
y ciudades al borde de las aguas, con solidez y con nobleza.

(Hölderlin, 1994: 111).

Una de estas actividades humanas, el comercio y el mar, es la que retrata el poeta en el poema “El Archipiélago”:

¡Mira! Ya zarpa añorante de ignoto horizonte el mercante,
sóplanle brisas que alas le prestan dichoso y los dioses
ámanle como al poeta, pues ricos presentes del agro
carga y reparte y cercano y lejano reúne en su barco.

(Hölderlin, 2011, vv. 72-75).

El diálogo

La poesía surge, así como condición del hombre en la tierra y como fundamento de cualquier habitar. Solo con la poesía el hombre entra en relación con la memoria, la historia, el arte y la cultura en general de los hombres.  El ser del hombre se salva de caer en el olvido y en la nada mediante la poesía, se cuida a sí mismo y al semejante mediante un verbo vivo que corroe su fundamento de mortal y entra en comunión con lo divino y lo mortal y se cuida salvando su ser de la nada.

Para habitar es necesario pertenecer y esta pertenencia se funda en la palabra que nombra y que es diálogo. Entonces el mundo y el propio ser dejan de ser extraños y se convierten en la familiaridad en que también se funda la amistad con todo lo que vive. Pues lo que vive y lo que existe no son nada fuera de ese universo de la palabra y entonces la palabra se impone como la mediadora entre el ser y lo desconocido. Este habitar supone entonces una manera de conocer, de acercarse a lo invisible, a lo divino y a lo mortal. El poeta se convierte en mediador, su hacer construye un mundo humano en el que logra permanecer, pertenecer y conocer.

Hölderlin nos habla del habitar en tanto éste se sitúa desde el reconocimiento de la naturaleza y la transformación que el hombre le impone a aquella, transformación que se manifiesta en la construcción de caminos y templos. El camino y el templo contrastan en este poema con la imagen de una naturaleza pura.  De este modo, el poeta alemán demuestra que el habitar no siempre necesita de una transformación sino de un reconocimiento de las fuerzas opuestas en las que se sitúa el ser:

[…] para que mejor en la tierra
habite la belleza y algún espíritu
más solidariamente se asocie a los humanos.
Dulce es entonces habitar bajo altas sombras de árboles
y colinas, con sol, donde el camino está
adoquinado hasta la iglesia.

(Hölderlin, 2013: 341).

Los elementos anteriormente mencionados, tales como el beso, el juramento, la amistad, el amor, la naturaleza, la relación con lo divino y lo mortal, la memoria y la historia y la relación con el tiempo, todos ellos actividades humanas, hacen parte del modo de habitar que nos expone la poesía de Hölderlin. En esta medida, no sólo tienen eco las reflexiones de Heidegger sino que el poeta incursiona en aspectos del habitar que van desde lo concreto a lo abstracto y en los que el cuidado y el reconocimiento de sí y del otro son aspectos esenciales.

Bibliografía

Heidegger, Martin. (2005). Construir, habitar, pensar. Versión pdf.

Hölderlin, Friedrich. (1994). Las grandes elegías. (Traducción de Jenaro Talens), Madrid: Hiperión.

Hölderlin, Friedrich. (2011). El archipiélago. (Traducción de Helena Cortés Gabaudan), Madrid: La oficina.

Hölderlin, Friedrich. 2011. Himnos de Tubinga. (Traducción de Carlos Durán y Daniel Innerarity), Madrid: Hiperión.

Hölderlin, F 2013. Cánticos. Madrid: Hiperión.

Johann Christian Friedrich Hölderlin (20 marzo 1770, Lauffen am Neckar, Suabia – 7 junio 1843, Tubinga, Alemania). Poeta, filósofo y traductor alemán. Nace en el seno de una familia burguesa y, profundamente, religiosa. Con sólo catorce años, ingresa a estudiar teología en el seminario preparatorio en Denkendorf, allí aprende hebreo, latín, griego y estudia a los poetas Klopstock y Schiller. En 1788 entra como becario en el Seminario de Tubingen.

Tres años más tarde conoce a Hegel y Schelling, y forja amistad con ellos, los tres serán conocidos como el legendario trío de Tubinga. Se sabe que Hölderlin se interesa en la poesía desde muy temprana edad. Lee a Platón y se convence cada vez más de su vocación poética: “mi vocación es sólo cantar lo sublime; por eso Dios me dio una lengua y puso el reconocimiento en mi corazón”. En esta época, compone numerosos poemas, entre ellos los Himnos de Tubinga, donde afirma su propia voz poética. Con veintitrés años se gradúa del Seminario y obtiene la licencia que le permite ejercer el ministerio evangélico, sin embargo, decide emplearse como preceptor en lugar de seguir la carrera teológica.

En 1794 comienza a escribir su novela epistolar, Hiperión o el eremita de Grecia. Al año siguiente, por mediación de su amigo Sinclair, acepta la tutoría con la familia Gontard. Conoce y se enamora de Susette Gontard, que adoptará el nombre literario de Diotima en su obra poética.En 1801 Hölderlin es tocado por el rayo de la tormenta, teme “acabar sufriendo la suerte de Tántalo, que recibió de los dioses más de lo que podía digerir”. Pasa varios años de un lugar a otro, con trabajos nuevos en Burdeos, Hamburgo, Sttutgart. Finalmente, en 1807 en Tubinga, el ebanista Zimmer lo acoge en su casa, allí pasará el resto de su vida hasta su muerte a los 73 años, en 1843.

Yuly Andrea Durango Florez. Poeta de Medellín. Graduada en Filosofía por la Universidad de Antioquia con el trabajo «El rostro de la palabra. Diálogo entre la filosofía de Emmanuel Levinas y la poesía de Antonio Machado». Siente un especial interés por la poesía rusa y de entre guerras (Ajmátova, Tsviétaieva, Paul Celan). Directora de la Revista Literaria Ouroboros (Medellín) desde 2016. Trabajó como coordinadora pedagógica de procesos de comunicación comunitaria (2019, 2018). Ha participado en eventos poéticos como el IV Encuentro Internacional Poetas al viento (2020), Tercer Congreso Internacional Cultura Viva Comunitaria (Quito-Ecuador, 2017), Primer Festival Literario Ouroboros (2016). En 2018 publicó su primer libro de poemas «Huella de aliento» con la editorial independiente Ouroboros. Actualmente es coordinadora del programa literario Poesía Life 2.0.

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