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Diarios: espacios para una experiencia interior

Por: Luis Eduardo Cano Álvarez.

El lugar del yo en el Diario

Meditaciones, confesiones, secretos, poemas, historias, dibujos, collages, claves de escritura secreta, codificación y liberación de la palabra. Un diario no es un poema, no es un cuento, no es una novela, pero un diario puede contenerlos. Puede contener el material de un poema o un poema terminado, puede derivar en un cuento o una historia al hilar acontecimientos y personajes en el tiempo, construyendo una trama lo mismo que una gran novela. Hay novelas y cuentos que están estructurados semejando las anotaciones de un diario, bitácoras de los personajes y de las pasiones.

El diario es un espacio que soporta una visión personal de nosotros mismos y del mundo cotidiano en el que nuestro yo habita; una visión que está sujeta al tiempo cronológico, la visión particular de un yo que se hace en la historia. Pero nos llama la atención esa experiencia radicalmente diferente que puede sumergirnos más allá del tiempo y de nosotros mismos.

La potencia esencial de la escritura es vivida en el diario como un gran camino que nos exilia del mundo y nos revela nuestro espacio personal e inalienable. Sin grandes pretensiones la escritura opera su poder transformador en cada individuo. La noción de individuo y de yo adquiere en el diario un lugar fundamental.  Puede ser el lugar de la mitología personal, dejando el registro de lo anecdótico y entrar así en el plano de la literatura del yo, pero esa mitología del yo no avanza dentro de los senderos del deber sino más bien del ser. Escritura y ser tienden al encuentro.

Diario vs. Mundo literario

El diario puede ser parte de ese mundo literario de las autobiografías, realistas o fantásticas. Y, sin embargo, el diario no aspira a la publicación. El signo literario aspira a la publicación, está construido teniendo en cuenta la relación con el universo de la tradición literaria, para bien o mal, tiene en cuenta la circulación del mensaje o esa mínima relación entre un escritor y un lector, sea en el presente o en el futuro.

En cambio, el signo lingüístico en el diario no necesariamente se halla dentro del horizonte de la literatura, dado que cualquier persona puede llevarlo. Las personas pueden escribir diarios sobre temas muy variados sin tener un gran mundo literario. Los diarios tampoco buscan la publicación o la creación de literatura que relacione autor y lector. En tiempos de crisis es todo lo contrario del movimiento del signo en la literatura. Pensemos en los diarios secretos del amor prohibido o de los días y noches de la guerra. Siempre al margen, siempre marginal, la escritura desplaza el poder tiránico, se subleva en regiones que diseña con cadenas un gran censor.

La escritura: un viaje interior

Lo que sucede en la configuración indefinida de un diario no es una aventura literaria, sino una experiencia de la escritura. Marginal y subversivo, el diario es la posibilidad de exploración del mundo interno, una apertura de conciencia, y un lugar para la libertad. El signo en el diario no es literario, sino más bien ético. La escritura alcanza el valor de la sinceridad, por ello la confesión, la opinión y la interpretación son esenciales. El lugar de la comprensión y el de la intimidad se crean sin censura, aquí en realidad la escritura está liberada de la pretensión y del afán de ser aprobados por otro. Escritura de la experiencia, experiencia de la escritura.

La escritura del diario es la autoexpresión del secreto que nos conforma. Es nuestra historia contada por nosotros mismos y no por los otros. Nos observamos en la escritura como un yo desdoblado y redoblado, una ficción que no es ficción. Secreto del secreto, el diario es espejo para el reconocimiento y también para la percepción del otro, pero también marca el límite de nuestras expresiones, la gran X de nuestras cuestiones, las preguntas mínimas que no tienen respuestas.

Los recorridos, los viajes, las experiencias emocionales, las encarnaciones de la fantasía, los bocetos, las inquietudes, las liberaciones, los cuestionamientos de nuestra cotidianidad, los dibujos y las caricaturas de nuestro saber propio, nuestras enfermedades y prisiones se hacen signo en el diario. El azar infinito de los fragmentos, la secuencia de las circunstancias, los retazos de realidad, las anotaciones del futuro, los mundos infantiles con fechas y lugares escondidos, son signos de nuestra estancia temporal y cicatrizan los desencuentros y las tormentas.

Abrir las puertas al Deseo

El diario es el lugar propio que ha sido censurado en la historia de la escritura. Como lugar propio del deseo, el diario constituye una potencia peligrosa. La posibilidad infinita de transformación del yo y el cuestionamiento del lenguaje activa las censuras familiares, sociales e ideológicas. Los diarios desaparecen con el muerto, se reducen a la ceniza de nuestro mortal bautismo. El secreto queda sellado con la desaparición del escrito, el secreto va a la tumba, por ello la sobrevivencia del diario siempre está amenazada.

Especie en vía de extinción, el diario se transforma en su contrario. El blog y las redes sociales se convierten en el escenario del yo, el signo deviene social por excelencia, el yo deviene otro por sobreexposición, el secreto en banalidad casi religiosa. La escritura está arrojada al intercambio infinito, la confesión es anuncio global. ¿Hay espacio para la expresión libre y la confesión del yo?, ¿hay lugar para privacidad o en este mundo hiperconectado ya no necesitamos de ella?

La exploración del mundo interno y el trabajo en secreto son importantes para el crecimiento de la conciencia y el afianzamiento de la libertad en un mundo que se debate en la guerra entre gobiernos e individuos. Como experiencia propiciatoria de la subjetividad concebimos esta escritura para la libertad y el desarrollo de la intimidad.

Lo que no se ha dicho…Páginas De Diario

A continuación, una breve selección del libro Lo que no se ha dicho…Páginas De Diario de la poeta chilena, Teresa Wilms Montt, publicado póstumamente en 1922.

Este es mi diario.

En sus páginas se esponja la ancha flor de la muerte diluyéndose en savia ultraterrena y abre el loto del amor, con la magia de una extraña pupila clara frente a los horizontes.

Es mi diario. Soy yo desconcertantemente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande entre lo pequeño, pequeña ante lo infinito…

Soy y…

TERESA DE LA  +

Miro mi faz sobre la charca podrida y ella me devuelve el reflejo tan puro como el más nítido espejo.

A pesar de que en mi alma se albergan lastimeras cuitas se ilumina mi rostro al reír, como encendido al rescoldo de una santa alegría.

Maldigo y es de tal manera armónico el gesto de mis brazos en su apóstrofe dolorido, que diríase que ellos se levantan a impulsos de una fuerza extraña, para ofrendar sus preces en una bendición al Omnipotente.

Miserable lloro, retorciendo mis angustias como a sierpes que quisiera aniquilar, pero en mi camino se detiene a tiempo un santo, un bondadoso, un sencillo y enjugando mis ojos me dice: -¡Qué buena eres! Llora, que esta agua que vierte el alma endurecida, bendita es, la recoge Él, que está más alto- y señala los espacios.

No puedo ser mala, no; la bondad me sale al encuentro. Paréceme que el mismo mal se hubiese vestido de gala para desgarrarme el corazón.

Quiero que, en sabia esencia, la Paz descienda sobre mí y anegue generosa en frescura mi interior carcomido.

¡Oh siglo agonizante de humanas vanidades! He cultivado un pedazo de terreno fecundo, donde puedes desparramar las primeras simientes destinadas a la Tierra Prometida.

Sábado 15 (enero 1916)

He dormido mal, muchas pesadillas y sobresaltos. Los zancudos, músicos infatigables, me hicieron su auditorio durante seis horas…

Miro al espejo mi cara de gato flaco de pelo romano (pintado horroroso), y me da furia de verme tan fea. Los ojos ya no tienen brillo; sus dos globos azules empañados, donde se conoce el abandono en que viven. Cansados de mirar lo mismo y de llorar, guardan la apariencia de una ruina lastimosa. Mis ojos no tienen luz propia; necesitan como la Tierra de la luz del sol, los rayos de los ojos tuyos; ojos de oro animadores que les dan vida y calor.

Fin

Me siento mal físicamente. Nunca he tributado a mi cuerpo el honor de tomar su vida en serio, por consiguiente, no he de lamentar el que ella me abandone.

Vida, sonriendo de tu tristeza me duermo y de tus celos de madre adoptiva. En tus ojos profundos ha rebrillado inconfundible la iniciación de mi ser astral.

Sólo una vez más se filtrará mi espíritu por tus alambiques de arcilla.

Vida, fuiste regia, en el rudo hueco de tu seno me abrigaste como al mar y, como a él tempestades me diste y belleza.

Nada tengo, nada dejo, nada pido. Desnuda como nací me voy, tan ignorante de lo que en el mundo había.

Sufrí y es el único bagaje que admite la barca que lleva al olvido.

París 1921.

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1 comentario en “Diarios: espacios para una experiencia interior”

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