Daniela Curay

Estallido social

Cansancio al deterioro del mundo
que ahoga la realidad,
entre gritos de protesta,
se decanta la jartera de la gente por un pan, error.
Cansancio de no poseer una vida digna para alimentar a los suyos.
Cansancio del trato «meritocrático» a una élite que práctica el despojo sin pudor.
Cansancio de la explotación y una canasta que se estira con el salario básico.


Y con el básico pagar impuestos.
Y con el básico pagar comida.
Y con el básico pagar educación.
Y con el básico pagar salud.
Y con el básico sobrevivir.


Hartos del hartazgo se protesta por vivir.
El estado garantiza derechos
donde los gobiernos de turno apoyan
a otras entidades desde la banca,
y a grandes empresas perdonan impuestos.


Básico como nos ven la cara al pueblo.
Básico el hablar de ponernos la camiseta.
Básico el saludo al que nos explota.
Básico es subir el combustible.
Básico es que ya subió todo.
Básico es no hablar de subir el salario.
Básico, mejor hablar de la flexibilización laboral.
Básico el pago por horas para que te logren explotar más.
Básico desde las clases privilegiadas
asumir que alcanza para todo.


Básico que con el básico se justifique el afrontar el encarecimiento de la subsistencia.
Se alza la voz,
por las grandes mayorías con el básico,
y, a veces, ni a eso se llega cada mes.
Son las desigualdades sociales
las promotoras del hartazgo y descontento del pueblo.
Pero la clase acomodada es cómplice,
silencian los gritos cambiando de canal.
Se invita al pueblo a ser parte del aparato opresor,
donde los cuerpos serviles y obedientes sirven como carne de cañón.
Vendidos al autómata por un salario,
ya sin dignidad humana
disparan armas de fuego, asumidas como laburo.


El intelecto de los ciudadanos es minimizado por un falso patriotismo para eliminar bajo orden al que protesta.
El huelguista protesta incluso por el que es sometido.
Nada cabe en el pensamiento, la matanza entre el pueblo.
Afianzando el despojo de los vulnerables hacia las sociedades offshore.
Básico exigir igualdad con dinero que ya no está aquí,
aumentando la ilusión óptica del poder ejecutivo,
con el discurso de efectos adversos,
culpando a los antecesores,
como cortina de humo la pandemia,
y la corrupción de siempre, como banquete principal.


Se apantalla la palabra crisis,
para obligar al pueblo a soportar
las condiciones absurdas,
que la oligarquía fragua sin contemplar
la resurrección de la mano invisible,
cansados de tanta incertidumbre
y blasfemia contra la dignidad.
¡Viva el paro nacional!

Sucumbir

Todo sucumbe como la mortalidad del individuo.
Sucumbe la existencia de una planta,
Sucumbe la vida de un animal.
Sucumbe el mundo sensible.
Y la racionalidad es inmediata,
cuando se desvanece y muestra lo real.


Cuán sublime sentimiento,
ese que nos permite colocarnos el antifaz.
Cuán loable es desprenderse del individuo,
para entender que el molde es lo que es;
todo sucumbe desde ahí,
Nada es desde el otro individuo,
siempre es desde el ser.


Sucumbir es vivir.
Vivir es desprenderse de lo equívoco,
donde lo equívoco es el arte de sucumbir.
La visión ordinaria se encubre del placer,
los actos atroces de la humanidad
son injustificables.


Sólo el mundo de las ideas,
elimina las tipografías de la «realidad»,
es la bóveda del aprender
es la permeabilidad de cada ser.

Me dueles América porque el hombre se corrompe por dinero,

mucho suelo y poco progreso, donde se aísla al campesino,

que poco a poco pierde voz;

pero entre gritos de protesta nos volvemos hermanos.

Quítate esta venda, esto es América, donde se despierta la conciencia.

Esto es América cansada de permitir tanta miseria e indolencia,

que se volvió el diario vivir, por gente que aprovechó la situación.

Rostros de franja blanca desprendiéndose del dolor.

Esto es América donde su raíz está a un latido 

para demarcar el progreso que va uniendo fronteras,

avanza entre caminantes cansados sin identidad,

anclados a realidades nuevas, 

bajo la consigna que nuestra huella permanezca en esta tierra.

Déjate sentir América, quítate esta venda.

Déjate sentir América, hoy unimos nuestra voz.

Déjate sentir América, somos millones de rostros y voces que se indignan ante tanta corrupción. 

Trotamundos

Enigmática sobredosis de placer entre mis manos, una nada que produce quemazón de un inframundo. Se observa como un telescopio, en la cima muchas nebulosas donde mi dedo toca y crea; cómo dar nombre a aquello que contemplo, vidas, aromas, colores y sonidos. Su significado al nombrarlos cobra existencia, dos seres vivientes que se unen por destino, por toda su extrañeza aprenden en su compañía a soltar el temor de lo humano. Cada latido ramifica una extensión, son pequeños hilos que se unen con todo alrededor. Sus ojos abren hacia una mirada que agudiza un sobrevuelo del nuevo ser, un pálpito de vida, condenado a la extrañeza de volver. Camina con todo el asombro hasta hallar al costado lo efímero de conocer, y en un parpadeo el eterno retorno es el paraíso del mortal ser, cortina celestial del encuentro del ayer, desconocidos replicándose entretiempos una y otra vez.

Desde la mirada

Enredada en pensamientos

donde se aísla el problema 

y se magnifican las preocupaciones.

El condicionante del yo

siempre se lo hace culpable,

está abierto a recibir 

los ataques inoperantes 

de lo exteriorizable.

He llorado toda la noche

buscando respuestas, 

el sentido de las ideas vuelve

cuando la mirada introspectiva

se dirige al individuo.

Se aleja de traficar irrealidades

pasa a la reconstrucción de lo habitable.

Nos despertamos en la mañana

y el primer sorbo de café

es el acto relevante.

Atrás quedan las dudas,

y yo vuelvo sin maravillas,

en tacones con mascarilla

haciendo frente al paso del tiempo,

donde las agujas del reloj no se detienen,

y la firme sensación de hacer alcanzable, 

lo que se posee en las manos,

es un ligero encuentro con el presente.

Daniela Curay (Ecuador, 1996). Graduada en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Central del Ecuador, socióloga, se desempeña como docente de nivel media, media superior y Bachillerato en el área de Estudios Sociales en una institución educativa. Se ha desempeñado como periodista en el periódico Comunitario “El Tumbaqueño”, ha participado en cápsulas informativas de la “Cabina Juvenil” y es apasionada por la poesía. Participante del ciclo de Poesía Life 2.0 Raíces del umbral americano: hacia un revisionismo poético y Poéticas de la otredad (Colombia, 2020-2021).

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