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María Mercedes Carranza: la búsqueda de una palabra nuestra

Por Yuly Andrea Durango

La poesía de María Mercedes Carranza recrea el desencantamiento del mundo y resalta la vivencia del hombre en toda su cotidianidad. Lo público está en crisis, así como las relaciones del hombre con el hombre, con su territorio y con su historia. Carranza parece encontrar en la historia las raíces del sufrimiento; explotación por la hegemonía económica, una Colombia fragmentada en provincias donde lo que prima es el abuso y la violencia.

En el poema “Métale cabeza”, Carranza reclama una palabra sin artilugios, que sea sincera y que dé cuenta de la realidad del hombre. Un lenguaje que sea resultado de una crítica sobre la misma poesía y que integra dimensiones que hasta ese momento han estado disgregadas dentro del universo poético en el que la poeta habita.

Cuando me paro a contemplar
su estado y miro su cara
sucia, pegochenta,
pienso, Palabra, que
ya es tiempo de que no pierda
más la que tanto ha perdido. Si
es cierto que alguien
dijo hágase
la Palabra y usted se hizo
mentirosa, puta, terca, es hora
de que se quite su maquillaje y
empiece a nombrar, no lo que es
de Dios ni lo que es
del César, sino lo que es nuestro
cada día…

(Carranza, 2013, 26).

Carranza inicia la búsqueda de un lenguaje nuevo que hunda sus raíces en lo propio del territorio, una palabra que le permita recoger la miseria y la experiencia propia de los desconsolados que deja una nación injusta, segmentada y socialmente en ruinas. Su palabra recorre los terrenos de la desesperanza en un país y una época, que lejos de ser la caracterización local de un territorio, es ya una exposición de la condición humana.
Esta palabra poética surge de los espacios en los que la destrucción se ha convertido en cotidianidad. Como en un paisaje surrealista, no atinamos a ver la diferencia entre lo cotidiano y entre lo absurdo:

“A menudo silban las balas o es tal vez el viento
que silba a través del techo desfondado.”

(Carranza, 2013, 81).

Esta palabra poética no cede espacio al modo colectivo del olvido, antes bien, se impulsa para percibir un mundo cotidianamente destructivo, señala los espacios de reflexión que el poema instaura para diferenciar y no engrosar la historia de olvido y de resignación que la violencia siembra en cada paisaje aterrado del corazón humano.

El canto de las moscas


La senda poética que sigue Carranza es la búsqueda de un lenguaje humano que logre vislumbrar el dolor y la destrucción de una sociedad. Veremos que en su poemario El canto de las moscas, Carranza sintetiza su anhelo por una palabra justa, breve, pero que al tiempo le permite alumbrar las zonas oscuras de la meditación y de la acción social que se encuentran en amenaza.

DABEIBA

El río es dulce aquí
       en Dabeiba
y lleva rosas rojas
esparcidas en las aguas.
       No son rosas,
       es la sangre
que toma otros caminos.
(2013, 128).

En el Canto de las moscas Carranza recorre la geografía de Colombia, de una nación disgregada no sólo por su naturaleza, sino por sus diferencias socioculturales y económicas. Desde su mirada poética lo que unifica al país es la violencia sin fin que nos aturde cada mañana.

TIERRALTA

Esto es la boca que hubo,
     esto los besos.
Ahora sólo tierra
  entre la boca quieta.
(2013, 131).


La violencia reúne bajo un mismo conjunto espacios alejados y marginados por la visión mono-política de una centralidad que históricamente ha descuidado las regiones y que sólo las tiene en cuenta para explotar sus recursos o para minar las relaciones humanas de sus habitantes. El recurso a las provincias alejadas y olvidadas vuelve a encontrar el eco de una crítica a la razón y al desarrollo de lo urbano, de lo central y del poder.

PÁJARO

Si la mar es el morir
      en Pájaro
la vida sabe a mar.
(2013, 136).

Destino humano

Su palabra adquiere una identidad y un destino, se acerca a lo humano, a lo que verdaderamente importa retratar. La condición de una sociedad se evidencia en estos poemas breves donde la desolación del ser es patente.
En este recorrido de la orfandad no sólo se destaca la condición social marcada por la violencia, sino también la caracterización geopolítica de un territorio y de un ambiente amenazado por la muerte. De este modo, sus cantos adquieren un alcance social colectivo, pues integra lo marginal y le gana terreno a una memoria bastante afectada por el desinterés, por el dolor silencioso y la apatía de los otros.

URIBIA

Cae un cuerpo
        y otro cuerpo.
Toda la tierra
sobre ellos pesa.
(2013, 137).



María Mercedes Carranza explora una visión más allá de lo humano, después de tantas muertes no queda ni siquiera el hombre. Queda la naturaleza afectada por el ruido del desierto que el hombre y el desarrollo ha fabricado. En su poesía reflexiona sobre la mortalidad del hombre y el desconsuelo que padece no sólo el individuo sino la comunidad. La poeta hace énfasis en la dedicación al otro y en la salida fuera de los límites de la individualidad y sus prejuicios narcisistas.

SOACHA

    Un pájaro
negro husmea
las sobras de
      la vida.
Puede ser Dios
      o el asesino:
da lo mismo ya.
(2013, 148).


Volver a la tierra con la palabra

Las moscas que cantan sobre la muerte son las que sobreviven al hombre y las que dan cuenta de su desamparado acontecer. Este elemento ecológico surge de una reflexión de Carranza sobre la propia lógica de la muerte y la destrucción.


Pero también llama la atención sobre el desastre ecológico, un conflicto vigente en nuestros días y que hace parte del efecto negativo que el desarrollo imprime sobre la naturaleza. Este llamado en su palabra poética hace parte de una vuelta a la tierra y al hombre de carne y hueso, el habitar del hombre depende de su relación con su propio ambiente natural. Si bien, por un lado, la naturaleza se encuentra afectada por la violencia, por el desastre, por el abandono y el silencio; por otro, será desde esa misma naturaleza de donde surgirá el canto.


Carranza no duda en tomar una posición frente al destino de nuestra naturaleza. Se hace imperativo, reflexionar y actuar contra el desastre que constituye nuestro habitar en sociedad, resarcir la ruina de nuestra relación con el otro, inclusive con la naturaleza. De este modo, Carranza con su poesía logra hermanar al hombre que sufre, a la nación fragmentada por la violencia y a la naturaleza destrozada como parte fundamental y testigo del poder de la muerte.

María Mercedes Carranza

(Bogotá, 24 de mayo de 1945 – ibidem, 11 julio de 2003). Poeta colombiana. Estudia Filosofía y Letras, primero en Madrid, luego en la Universidad de los Andes de Bogotá, donde termina sus estudios en 1978. Se dedicó a la poesía con pasión, lo que no le impidió cultivar otros géneros literarios: cuento, ensayo, crítica literaria. También se desempeñó como periodista y editora en diferentes medios literarios, uno de ellos “La vanguardia”, página literaria del periódico bogotano El siglo. En este medio cultural alcanzó a difundir la poesía de los poetas Nicolás Suescún y Juan Manuel Roca. Junto a este último su poesía se clasificó en la llamada Generación desencantada (1970-2000) o post-nadaísta, de la que también haría parte el poeta antioqueño José Manuel Arango. Mercedes Carranza tuvo una relevante participación en el ámbito cultural nacional, así en 1986 asume la dirección de la Casa de Poesía Silva donde promueve la producción literaria con recitales de poesía y publicaciones hasta su muerte en 2003. Entre sus obras más importantes se encuentran Vainas y otros poemas (1972), Tengo miedo (1983), Hola, soledad (1987), y El canto de las moscas (Versión de los acontecimientos) (1997).


Bibliografía
Carranza, M., M. (2013). Poesía reunida & 19 poemas en su nombre. Bogotá: Letra a Letra.

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